Written by jaimeargudo on May 9th, 2014 in Publicaciones | Comentarios desactivados en TOLERANCIA Y ETICA PARA EL ERROR EN LA PRACTICA PROFESIONAL DE LA INGENIERIA CIVIL
etica

Toda persona sabe que errar en un cálculo aritmético es una situación más frecuente de lo que nos gustaría y lo asume como parte de su naturaleza – se dice entonces que “errar es humano”. También se dice que los ingenieros civiles “aprendemos a construir” y que por nuestras habilidades matemáticas podemos calcular bien – algo que implica desarrollar la
destreza de evitar equivocarse en los cálculos. Esta percepción social es reforzada por el criterio de algunos sobre que el conocimiento y la experiencia sirven para “no cometer errores”.

Son mitos – los ingenieros civiles no aprendemos a construir (los maestros de obra saben hacerlo y nosotros aprendemos de ellos). Esencialmente, aprendemos a calcular y diseñar  de acuerdo con teorías y métodos cuya confiabilidad ha sido estadísticamente probada y es universalmente aceptada. Todos los ingenieros calculamos o deberíamos saber hacerlo: calcula el constructor los precios unitarios de un presupuesto, el geotécnico la capacidad portante del suelo para una cimentación, el estructural la resistencia de los elementos que
dan estabilidad a las edificaciones, etc. La experiencia y los títulos no nos libran de la posibilidad de cometer errores en nuestros cálculos numéricos, sino más bien avalan nuestra competencia de saber usar las ecuaciones de diseño y los métodos de construcción más idóneos.

Cuales son entonces la confiabilidad implícita en nuestros cálculos, la tolerancia para nuestros errores y la ética con la que deberíamos prevenir y enfrentar situaciones en las que nos podemos equivocar?

La confiabilidad de los cálculos y diseños es consistente con el criterio de control de calidad definido como “aceptable” para la producción industrial de los materiales de construcción. Estos deben ser sometidos a ensayos de laboratorio que garanticen – con una confianza estadística del 95% – que los miembros de una muestra aleatoria y representativa cumplen con las normas del estándar de desempeño técnico especificado.  Similarmente, las ecuaciones de las normas o códigos de diseño contienen factores de seguridad que resultan de estudios de fiabilidad donde  se ha usado el 95% de confianza, para garantizar que 95 de cada 100 estructuras satisfacen estadísticamente el estándar de seguridad y desempeño definido en forma explícita e implícita en las normas de diseño.

En las ecuaciones de diseño,  a las fuerzas actuantes sobre las estructuras anotadas de un lado de la igualdad se las incrementa usando “factores de carga”, mientras que a las fuerzas de resistencia escritas del otro lado de la igualdad se las reduce usando “factores de resistencia”.  Así, para el diseño de estructuras de hormigón, acero, madera o mampostería, el factor de seguridad resultante del uso combinado de los factores de carga y resistencia  varía entre 1.5 y 2.0 para la gran mayoría de los casos y sirve para controlar los distintos mecanismos de falla de una estructura. En el uso del criterio estadístico del “95% de confianza” queda también implícito como “aceptable” que hasta el 5% de las edificaciones construidas podrían incumplir con las normas o códigos de diseño y construcción vigentes y por ende que un porcentaje de éstas podrían fallar por falta de seguridad.

En la práctica profesional, un Ingeniero puede garantizar que los cálculos numéricos que sustentan sus diseños cumplen con el 95% de confianza requerido mediante el uso de un mecanismo de control de calidad internacionalmente conocido como “peer review” o “revisión de par”, en su traducción al castellano. Consiste en someter los cálculos numéricos a la revisión de un(os) colega(s) con conocimiento y experiencia identificada como similar o superior a la del diseñador.

A mis estudiantes de Ingeniería Sísmica les planteo el siguiente ejemplo para describir como se puede satisfacer el 95% de confianza en términos probabilísticos: se requiere que dos ingenieros se entrenen lo suficiente como para lograr equivocarse una vez por cada cinco cálculos numéricos que realizan, lo que da como resultado una probabilidad individual de error igual a 1/5 (ésta es una tasa de error bastante buena cuando se trabaja
en condiciones de presión y urgencia) y luego sometan sus cálculos a otro ingeniero con idéntica probabilidad individual de error. La probabilidad combinada de que esos ingenieros trabajando individualmente sobre los mismos cálculos se equivoquen conjuntamente es (1/5)(1/5) = 1/25 = 4%, con lo cual se satisface el criterio del 95% de confianza. Nótese también que dado que es igualmente probable que un error resulte del lado de la seguridad como del lado de la inseguridad,  se podría esperar – aún después de un control de calidad – que hasta el 2% de los cálculos equivocados puedan derivar en consecuencias que comprometan la seguridad de las estructuras así diseñadas.

Afortunadamente no solo los ingenieros que diseñan y sus revisores participan de la construcción de una estructura, también el maestro de obra, el constructor, el fiscalizador y otros actores, quienes frecuentemente participan (o deberían participar) activamente en
la prevención de la construcción de errores involuntarios originados en el diseño.

En todo proyecto de Ingeniería generalmente hay observaciones que pueden involucrar los criterios y cálculos usados en cualquiera de las fases de un proyecto (Planificación, Diseño, Construcción y Operación). Entre los actores de un proyecto, la actitud éticamente correcta no es la de imponer criterios, derivar o esconder errores, sino más bien la de colaborar con la solución técnicamente más segura y viable,  admitir los errores cuando es justo hacerlo y condenar la negligencia sobre los errores advertidos antes que la comisión de errores involuntarios.